El ordenamiento político de un mundo globalizado
Escrito por Carlos Álvarez de Sotomayor Reina   
sábado, 01 de mayo de 2004
El ordenamiento político de un mundo globalizado
Por: Jaime Loring. En: INETemas nº 28
1. INTRODUCCIÓN

Pretendo argumentar y razonar una proposición ambiciosa, que a más de uno le parecerá una ilusión meramente subjetiva, pero que desde mi punto de vista, es la calve para entender los derrote­ros por conde caminará la historia del siglo XXI. Esta proposición es la siguiente. Los Estados Nación son hoy día la unidad elemental de la organización mundial. La comunidad internacional está constitui­da a partir de unidades independientes y autónomas: los Estados-Nación. Sea la ONU, la Organiza­ción Mundial de Comercio, la OIT, la Organización Mundial de la Salud, El Bando Mundial, o el Fondo Monetario Internacional, se constituyen a partir de la representación de cada uno de los Estados-Nación ponderado el peso de la representación según distintos criterios en cada caso. El principio de la soberanía nacional de cada Estado-Nación constituye la base del Derecho Internacional.

En los albores del siglo XXI esta configuración de la comunidad internacional está siendo superada por la evolución de la Historia. La problemática jurídica, social, sanitaria, militar, financiera, etc. que tiene ante sí la comunidad internacional en estos días, excede ampliamente las capacidades de un Estado-Nación soberano e independiente aisladamente considerado. Los acuerdos bilaterales o multilaterales que puedan convenirse entre los Estados-Nación actualmente existentes son un paliati­vo de la situación creada, pero no son una solución, ni pueden serlo. Por varias razones:

a) No abarcan a la totalidad de la población mundial, solamente a aquellos que han firmado los acuerdos. Se crean así áreas de exclusión económico-social, donde la población residente no tenga oportunidad de beneficiarse de los acuerdos adoptados. O bien al contrario paraísos fiscales, donde sea posible eludir la aplicación de tales acuerdos.

b) La elaboración de tales acuerdos se hace mediante pactos mutuos entre los agentes, atendiendo cada unos de ellos a sus propias ventajas, no al bien común de todos los implicados. Consecuentemente la formulación final de tales acuerdos generalmente queda sesgada en favor los agentes con mayor capacidad de presión en los procesos negociadores.

c) Los Estados-Nación más poderosos, sea por su fuerza militar, o por su fuerza económica, tienen la posibilidad de impedir que determinados acuerdos lleguen a realizarse, o bien autoexcluirse de au cumplimiento si juzgan que son contra sus intereses nacionales, Las relaciones entre los Esta­dos Nación actualmente existentes son absolutamente asimétricas. Esta asimetría conduce a una subordinación política contradictoria con la hipótesis de partida: Estados-Nación autónomos y sobera­nos. Por el contrario tenemos una configuración internacional compuesta de Estados-Nación dominan­tes, y Estados-Nación dominados.

 

Esta insuficiencia del esquema actual de relaciones internacionales, basado en acuerdos bilaterales o multilaterales, debe ser superada por la institucionalización de una autoridad mundial supraestatal, que tenga jurisdicción sobre los actuales Estados-Nación, con poder legislativo, judicial y ejecutivo. De forma semejante a como al interior de cada Estado-Nación, el poder legislativo, judicial y ejecutivo del Estado tiene jurisdicción sobre los individuos, las clases sociales, las empresas, etc. La comunidad internacional precisa de un Estado Internacional que tenga capacidad de prestar servicios sociales a todos los miembros de la comunidad internacional, de actuar de distribuidor de la renta entre todos los miembros de la comunidad internacional, ejercer la justicia y velar por el orden público a nivel internacional, de manera semejante a como hoy está admitido que cada Estado lo haga dentro de sus límites territoriales. El ordenamiento político de un mundo globalizado entiendo que ha de consistir en mantener la institución del Estado tal como ha sido diseñado a lo largo de los siglos XIX y XX, pero borrando las divisiones fronterizas. Todos los seres humanos que pueblan la faz de la tierra forman una única comunidad pluriracial, plurilingüística, plurireligiosa, pluricultural, pero con una unidad básica original: la naturaleza humana. De la misma manera que al interior de cada Estaco-Nación se admite, al menos en teoría, que todos los ciudadanos tienen iguales derechos, e iguales oportunidades, el principio ha de ser ampliado a nivel mundial. Todos los seres humanos, nazcan donde nazcan, sea de la raza que sean, han de tener los mismos derechos y las mismas oportunida­des. Este proyecto globalizador no se llegará a conseguir por el sistema actual de acuerdos bilaterales o multilaterales. Es preciso llegar a la creación de una Autoridad Mundial con jurisdicción mundial legislativa, judicial y ejecutiva.

 


Hacia esta meta final creo que está caminando la Historia en estos albores del siglo XX. Ahora bien el proceso histórico no es un proceso predeterminado. El ser humano es libre y dueño de sus opciones. Podemos impulsar el proceso histórico en una línea, o en la contraria. Los precisos históri­cos son el resultado de una dialéctica de opciones no forzosamente convergentes. Estamos en un momento en que las opciones y objetivos que propongan los líderes políticos al conjunto de ciudada­nos pueden ir en la línea de una globalización social, jurídica, económica, etc. o bien en la línea del mantenimiento del actual ordenamiento político: los Estados-Nación soberanos y autónomos. Cada uno de estos Estados soberanos y autónomos buscará sus propias ventajas, aceptando que los demás busquen igualmente la suyas propias. Tal como en los inicios del capitalismo quedó aceptado que cada agente económico buscase su propia ventaja, porque una mano invisible haría que la búsqueda de la ventaja individual de cada un para sí mismo, condujese a la maximización del bien común nacional. Pero tal mano invisible nunca se dejó ver. Fue mediante la creación del Estado como regula­dor y garante del bien común, quien al interior de sus límites territoriales, logró una cierta generaliza­ción del bienestar colectivo, y una cierta justicia en la distribución de la renta.

De manera semejante, en estos albores del siglo XXI, si tomamos como objetivo el conseguir que a nivel mundial lleguemos a un equilibrio socio-económico, de respeto de los derechos humanos, similar al que se haya podido conseguir dentro de cada Estado-Nación, es preciso pensar en la institu­cionaliza ión de esta Autoridad Mundial con jurisdicción Universa.

Soy consciente de que tales perspectivas han de parecer absolutamente utópicas, por no decir imposibles. De acuerdo. Hago mío es slogan de los revolucionarios del mayo 68 francés; “sed realis­tas; pedid lo imposible”. La historia avanza cuando los hombres buscan lo que hasta entonces se ha considerado imposible, pero que puede ser posible en el futuro.

 

 

2. LA GLOBALIZACIÓN. EL MARCO POLÍTICO DEL SIGLO XXI

1. La globalización como revolución cultural

La globalización como fenómeno cultural implica la toma de conciencia de que todos los seres humanos que habitan sobre este globo esférico, han dejado de constituir conjuntos separados y autosuficientes para convertirse en un único conjunto, donde lo que ocurre o se decide en un extremo del globo terráqueo, tiene consecuencias inmediatas en cualquier otro espacio del mismo globo. De que los problemas que afectan a poblaciones que residen en el otro extremo de la tierra, no son problemas de los “otros”, son problemas “nuestros”. Es el propio concepto de “nosotros” el que ha cambiado. “Nosotros” no somos los españoles, o los franceses, o los turcos, “nosotros” somos todos los seres humanos. No importa que hablemos lenguas diferentes, que tengamos un pasaporte diferen­te, que tengamos, incluso una ideología diferente, “nosotros” somos todos. Todos los seres humanos que habitamos la Tierra.

 

2. Análisis crítico del concepto de patria

Desde siempre, desde los estadios culturales más primitivos en los cuales la asociación de los seres humanos en comunidades se realizó en el modelo de “tribu”, hasta los estadios culturales más modernos, en los que los seres humanos tienen un sentido de pertenencia a un “Estado Soberano”, el concepto de patria ha tenido una vigencia permanente. La patria, ya sea la tribu primitiva, ya sea el moderno Estado Soberano, es un tipo de agrupación humana con una doble dimensión: por una parte es un modelo aglutinador de los miembros pertenecientes a un colectivo determinado; y por otra parte es un modelo creador de separaciones y barreras. No solamente crea separaciones, crea también antagonismos. Los colectivos humanos asociados fuertemente entre sí por la vivencia de la “patria”, se consideran a la vez distintos de los demás seres humanos que no pertenecen a ella. Es así como el “extranjero” ha sido, y en gran manera sigue siéndolo, un potencial agresor.

Creo que es llegado el momento de analizar con realismo y objetividad los pros y contras que la cultura de la “patria” ha deparado a la humanidad. Cada suceso bélico de los infinitos que han ocurrido en la historia de la humanidad, es recordado como una hazaña gloriosa, o como una agresión infame, según el lado de la frontera en que estemos situados.

 

3. La gobernación mundial

La emergencia del fenómeno de la globalización junto a la conciencia de la insuficiencia de cada Estado-Nación aisladamente considerado para resolver sus propios problemas, se está imponien­do como un hecho. La globalización no ha nacido por decisión de ninguna persona, ni de ningún grupo de poder. La globalización nos la hemos encontrado. El tráfico mundial de la información, del capital, de las mercancías, la rapidez de los transportes han acercado a los hombres y mujeres de todo el mundo. Y un fenómeno importante el cambio cultural. El propio concepto de “extranjero” va perdiendo consistencia. Esto es un hecho histórico sobrevenido, no es producto de la decisión estratégica de nadie.

Pero como todo hecho histórico no planificado, ha nacido sin unas estructuras jurídicas, políticas, administrativas. Nos encontramos en cierta forma en una situación parecida a la que se encontró la sociedad europea del siglo XVIII cuando el nacimiento de la primera revolución industrial. Aquella revolución de la maquinaria industrial, tampoco fué una decisión estratégica de nadie. Fué un hecho tecnológico que irrumpió por sí mismo, dando lugar a dejar anticuadas la estructuras aristocráti­cas de la sociedad de la época. El advenimiento de esta revolución industrial encontró a la sociedad sin estructuras jurídicas ni políticas que le dieran un marco adecuado. Ante la carencia de una legisla­ción mercantil, laboral, fiscal se produjeron aquellos abusos inhumanos de las factorías y las minas.

En nuestros días ocurre una situación similar. El mundo de hecho se ha globalizado. Pero no hay instalada ninguna autoridad global, ninguna ley laboral global, ninguna normativa fiscal global. He aquí la ingente tarea política de los líderes que han de tomar las decisiones en estos albores del siglo XXI. El mundo necesita una Autoridad Mundial, que gobierne el mundo entero en beneficio de los seres humanos que pueblan el mundo entero, de forma semejante a como las Autoridades de los actuales Estados gobiernan en beneficio de los ciudadanos de sus respectivos Estados.

 

4. El escollo de la globalización: la hegemonía de Estados Unidos

La realización histórica del modelo cultural de la globalización supone una estructura social a nivel mundial en la cual todos los seres humanos que pueblan la faz de la tierra estén dotados de los mismos derechos, de la misma autonomía, de la misma capacidad de influir en la toma de decisiones colectivas. A nivel mundial estamos en una situación parecida la que vivió Europa en los finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. En aquel entonces la sociedad estaba dividida en estratos socia­les diferenciados: la aristocracia del antiguo régimen poseía el poder político y económico decisorio, los que no tuvieran sangre azul en sus venas quedaban excluidos del acceso al poder. El cambio de estructura política en los Estados de la época no se realizó de forma instantánea ni rápida. Gran parte del siglo XIX estuvo dominada por las luchas entre los conservadores, defensores del antiguo régimen, y los progresistas o liberales, defensores del cambio a un nuevo régimen de igualdad entre los ciuda­danos.

Lo que ocurrió en aquel entonces entre las clases sociales al interior de los Estados, ocurre hoy entre los Estados a nivel global. La globalización comienza a partir de la disolución de uno de los imperios hegemónicos que protagonizó el sistema de bloques. Sin embargo sigue existiendo el otro gran imperio. El equilibrio mundial entre todos los pueblos de la tierra tropieza con la existencia de centros de poder hegemónicos que pueden tomar, y de hecho toman, decisiones unilaterales, e imponerlas “señorialmente” a otros pueblos con menor poder. Tales poderes mundialmente hegemó­nicos actúan a nivel internacional de forma equivalente a como actuaba la antigua aristocracia a nivel de cada Estado.

Nos encontramos actualmente en un momento histórico en el que un nuevo modelo cultural ha nacido, pero aún quedan residuos del antiguo modelo. Estamos asistiendo al final de la soberanía de los Estamos-Nación. Sin embargo, ello no significa que todos los Estados-Nación hayan renunciado a su soberanía. Por el contrario, los Estados poderosos que pueden ejercerla, lo hacen en beneficio propio, no en beneficio del conjunto de la humanidad. Esta situación de transitoriedad, de una globali­zación e medias instalada, es el origen de la desconfianza e incredulidad que la globalización genera en colectivos contestatarios. Demandan razonablemente “otra globalización”, puesto que la actualmen­te instalada es solamente parcial, incompleta.

 

5. Un modelo de miniglobalización parcial: la Unión Europea

Terminada la 2ª guerra mundial, nacen dos concepciones geopolíticas contradictorias entre sí, pero que coexisten durante 45 años. En la Europa Occidental aparece una nueva visión del mundo inaudita hasta ese momento. Unos cuantos líderes políticos conciben un proyecto de Europa contradic­torio con una tradición de siglos. Por una vez, sea la clarividencia de la razón, sea la ilusión de la utopía, los conceptos de Nación y de Estado Soberano dejan de predominar como proyecto político. Comienzan a ser sustituidos por un nuevo concepto, que no tiene todavía ni consistencia ni realidad política. En ese momento no era más que un deseo , un proyecto virtual, imaginario.

Quiero repetir aquí las palabras que el día 19 de septiembre de 1946, no más de 16 meses después del final de la 2ª guerra mundial, Wiston Churchill pronunciaba en la Universidad de Zurich[1].


“Quisiera hablaros hoy de la tragedia de Europa. Si Europa hubiera estado unida compartiendo su herencia común, no hubiera tenido límite la felicidad, la prosperidad y la gloria que hubieran podido disfrutar sus 300 o 400 millones de habitantes. Sin embargo de Europa han salido la serie de horribles reyertas nacionalistas originadas por las naciones Teutónicas que hemos visto en este siglo XX, a lo largo de nuestra propia vida, haciendo naufragar la paz y echando a perder las expectativas de toda la humanidad.

Sin embargo todavía hay un remedio, si es aceptado por todos de forma espontánea. Podría ser un milagro que transformase toda la escena. ¿Cuál es este remedio soberano? Recrear la familia Europea, o la mayor parte que podamos de ella, y dotarla de una estructura bajo la cual puedan habitar la paz, la seguridad y la libertad. Tenemos que construir una especie de Estados Unidos de Europa. Solamente así, centenares de millones de trabajadores podrán recuperar la alegría y la esperanza que hace a la vida digna de vivirla. El proceso es simple. Lo único que se necesita es que cen­tenares de millones de hombres y mujeres tomen la decisión de hacer lo que es un acierto, en lugar de hacer lo que es una equivocación, recibiendo en compensación bendiciones en lugar de maldiciones”

 

El proceso ha sido largo, y todavía no se ha terminado. Once años más tarde, en 1957, se firmaba el Tratado de Roma, por solo seis países. Hoy ya son 15, y en este año 2004 seremos 25. El proyecto no está acabado, es de todos conocido que se va construyendo poco a poco.

Lo que creo que es importante señalar es que el modelo de integración europea se está haciendo a base de cesión de soberanía de los Estados miembros a instancias supraestatales. El proceso de construcción europea está consistiendo en ir vaciando progresivamente de contenido la soberanía de los Estados miembros, para adjudicársela a instancias supranacionales. En esta dinámi­ca el concepto de patria española, francesa o alemana, está perdiendo contenido. Cada una de estas “patrias” por separado cada vez significan menos. Y son sustituidas por Europa.

 

3. LA POBREZA DE LA MAYORÍA DE LA POBLACIÓN MUNDIAL

1. El nuevo proletariado

La gravedad del problema de la pobreza es reconocida por personalidades internacionales. El profesor Michel Camdessus, ex director gerente del FMI, afirmaba en Santander el 23 de julio 2000, con toda claridad y rotundidad que la mayor ame­naza de nuestro mundo es la pobreza intolerable[2]. En esta misma línea se ha manifestado en numerosas ocasiones el Secretario General de la ONU, Koffi Amán. Mientras que algunos líderes mundiales están elevando a la categoría de primer problema mundial la lucha contra el terrorismo, el Secretario General de la ONU, en numerosas ocasiones, ha insistido en que los movimientos terroristas internacionales se alimentan de la desi­gualdad existente en el reparto de la riqueza. La lucha contra el terrorismo solamente será eficaz, insiste el Secretario General de la ONU, cuando se le prive de su fuente de alimentación, la pobreza generalizada en la mayor parte de la población mundial.

La agrupación por regiones subcontinentales que presentan indicadores de desarrollo[3] relativamente homogéneos, viene representada en la tabla siguiente. Los hemos clasificado siguiendo un orden decreciente del PIB per cápita anual.

 

 

Población 2000

% POBLACIÓN

PIB Total

mil millones

$ USA

% PIB

PIB per cápi­ta anual

AMÉRICA DEL NORTE

316,006,064

5.2%

10,970

29%

34,713

UNIÓN EUROPEA

450,247,542

7.4%

10,526

28%

23,378

OCEANÍA GRANDES ISLAS

22,980,000

0.4%

414

1%

18,030

ARCO DEL PACÍFICO

668,938,400

11.1%

5,780

15%

8,640

RESTO DE EUROPA

139,693,734

2.3%

1,128

3%

8,076

ANTIGUA URSS

280,523,387

4.6%

1,787

5%

6,371

ÁFRICA DEL SUR

122,274,317

2.0%

515

1%

4,209

LIGA ÁRABE

259,607,816

4.3%

1,022

3%

3,937

AMÉRICA LATINA

519,737,493

8.6%

2,009

5%

3,865

RESTO DE OCEANÍA

7,618,821

0.1%

14

0%

1,885

ÁFRICA CENTRAL

532,474,000

8.8%

563

2%

1,057

ASIA CONTINENTAL

2,727,449,306

45.1%

2,643

7%

969

 

 

 

 

 

 

TOTAL

6,047,550,880

100.0%

37,371

100%

6,179

 

El examen de la tabla nos permite obtener una cuantificación del desequilibrio mundial en cuanto a la distribución de la riqueza entre las diferentes poblaciones de la comunidad internacional. Tomamos como unidad elemental del análisis cada uno de los países soberanos que componen la comunidad internacional. En este análisis no consideramos las desigualdades existentes en el interior de cada país en función de las clases sociales. Somos conscientes de que en los países más desarro­llados existen grupos sociales marginados que subsisten en niveles de extrema pobreza, de la misma manera que en los países menos desarrollados existen grupos de familias sumamente ricas y podero­sas. Este análisis de la desigual distribución de la riqueza al interior de cada país sería objeto de otro análisis importante, pero no es ahora mismo el objetivo de este trabajo.

Lo que pretendemos poner de relieve es que en los inicios de la revolución industrial, en la segunda mitad del siglo XVIII y primera mitad del XIX, cuando la burguesía emergente comenzaba a ocupar la posiciones de poder de la antigua aristocracia terrateniente, el gran escándalo de la socie­dad fue la injusticia de las relaciones industriales, la explotación a que estaba sometido el proletariado de la época. En estos albores del siglo XXI las relaciones laborales existentes en los países desarrolla­dos no tienen nada que ver con las practicadas en aquel entonces. En nuestros días la situación laboral y el nivel de vida de un obrero industrial de Detroit, Manchester, Barcelona o Rotterdam no se parecen en nada a los que pudieron tener los obreros de esas mismas ciudades hace 150 años.

En su lugar ha surgido un nuevo proletariado cuyo determinante no es la clase social a la que pertenezcan, sino el país de residencia. Sin que hayan desaparecido las diferencias de clase, en nuestro tiempo son mucho más alarmantes y escandalosas las diferencias existentes entre países desarrollados y países subdesarrollados. El nuevo proletariado de la sociedad internacional está constituido por las enormes masas de población que han nacido en un país subdesarrollado, sin haberlo ellos elegido.

 

2. El desequilibrio del PIB total



Algo más de la mitad de la población mundial (54.0%) se concentra en las zonas más pobres del planeta: Asia continental y África central. Alrededor de una cuarta parte de la población mundial (26.4%) está situada en la zona de los países más ricos del mundo: América del Norte, Unión Euro­pea, las grades islas de Oceanía[4], el Arco del Pacífico, y el resto de Europa. Sin embargo el PIB mundial se distribuye de forma completamente distinta. Más de tres cuartas partes del PIB mundial (77.2%) está concentrado en las áreas donde reside una cuarta parte de la población. Solamente un 8.6% del PIB mundial está situado en los países donde reside el 54% de la población.


Este enorme desequilibrio regional en la distribución mundial de la riqueza tiene unas raíces estructurales que exigen una replanteamiento del sistema de relaciones internacionales. Correcciones parciales del sistema pueden aliviar de forma puntual algunas situaciones extremas. Sin embargo, la reordenación del mapa de la riqueza mundial en busca de una distribución equilibrada de la riqueza entre todos los habitantes del planeta requiere una revisión del orden político internacional.

La toma de conciencia por parte de la sociedad internacional de la gravedad del problema ha puesto en marcha numerosas iniciativas de coo­peración y ayuda a los países del Tercer Mundo. Sea en forma de condonación de la deuda externa, sea como aportaciones a las catástrofes y emergencias que ocurren intermitentemente, sea como ayuda a iniciativas de desarrollo, la cooperación internacio­nal está adquiriendo relevancia apreciable. Los Estados, las Organizaciones No Gubernamentales, las Iglesias, cada uno según su estilo y sus preferencias, toman parte en esta cooperación. Son todas ellas iniciativas loables. A su vez creo que es un camino que alivia parcialmente algunos efectos de la pobreza, pero que no suprime sus causas.

Aun a riesgo de resultar provocativo, consciente de quedar descolocado en el mapa inmediato de las propuestas de los líderes políticos, quiero hacer algunas consideraciones. En el modelo de construcción de la Unión Europea se han creado instrumentos financieros cuya finalidad es la integra­ción armoniosa y la cohesión económica y social de los Estados miembros, mediante la ayuda a las regiones atrasadas, la reconversión de las regiones en declive, el desarrollo de nuevas tecnologías, y en general el fomento de la inversión. Los Fondos Estructurales son: El Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (FEOGA), el Fondo Social Europeo (FSE), el Fondo Europeo de Desarrollo Regio­nal (FEDER). Todos estos instrumentos financieros se apoyan en la convicción de que el trasvase de riqueza de las regiones y sectores económicos más desarrollados de Europa hacia las menos desarro­lladas, favorecen al conjunto europeo. Que incluso los contribuyentes netos salen beneficiados del desarrollo social y económico destinatarios netos.

 

3. El desequilibrio del PIB per cápita


El PIB anual mundial alcanza la cifra de 37.370.560 millones de $ USA. Dividiendo esta cifra por una población mundial de 6.047 millones de personas, resulta que la media ponderada del PIB anual per capital es de 6.179 $ USA..

Muy por encima de la media se encuentran las regiones subcontinentales más ricas del planeta. Representan un pequeño 13.1 % de la población mundial. Están constituidas por América del Norte, la Unión Europea[5], y las dos grades islas de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda).

Cercanos a esa media se encuentra un 32.9 % de la población, un 18 % algo por encima (entre 6.000 y 8.000 $ USA) o y un 14.9 % algo por debajo (entre 4.000 y 6.000 $ USA). Algo por encima de la media se encuentran las regiones subcontinentales del arco del pacífico, el resto de Europa, y los territorios de la antigua URSS. Algo por debajo se encuentran las regiones subcontinen­tales de África del Sur, Liga Árabe y América Latina.

Finalmente, muy por debajo de la media, con menos de 2.000 $ USA de PIB anual per cápita se encuentra el 54 % de la población mundial. Está constituida por las regiones subcontinentales de resto de Oceanía, África Central y Asia Continental.


Este cuadro mundial del desarrollo es provocativo. El subdesarrollo tiene causas sociales, no causas étnicas ni naturales. Es la propia estructura social, creada y construida en beneficio de unos a costa de los perjuicios infligidos a otros, la que está sumiendo a inmensas poblaciones de la tierra en la fosa de la escasez y la pobreza.

Entre las distintas poblaciones que habitan el planeta se ha generado una desigualdad, no sé si superior, pero al menos similar a la que existió entre propietarios del capital y proletarios allá por los inicios del siglo XIX. Los nuevos proletarios del siglo XXI no son ya los trabajadores por cuenta ajena de los países desarrollados, sino las inmensas masas de población residentes en países subdesarrolla­dos. Masas de población que no tienen acceso a los bienes de consumo ni a los servicios públicos ofrecidos en lo países desarrollados. Su PIB anual per cápita constituye una barrera infranqueable en el actual sistema económico financiero dominante.

A lo largo del siglo XIX y XX en los Estados modernamente desarrollados se crearon sistemas de redistribución de la riqueza a través de la recaudación fiscal sobre todas las actividades individua­les o societarias creadoras de riqueza. Los ingresos fiscales recaudados por los respectivos Estados sirvieron para prestar servicios de salud, educación, y pensiones de jubilación. Esta ha sido la historia del desarrollo social. Pero hoy día no existe ninguna institución que a nivel mundial juegue el rol que la Hacienda Pública ha jugado a nivel de cada Estado Soberano por separado. En cada Estrado Soberano, la Hacienda Pública ha jugado un papel reequilibrador de las rentas. A nivel mundial no hay nada semejante que pueda jugar el papel reequilibrador de las rentas en la comunidad internacional.


Por poner un solo ejemplo, que entiendo puede resultar perturbador. A nivel de cada Estado soberano se ha configurado un sistema de Seguridad Social. Cada Estado, con las modalidades diferenciales que sean, ha diseñado un sistema de seguridad social, en virtud del cual, se pretende que todos los ciudadanos tengan cubiertas las necesidades básicas de salud, renta mínima, jubilación. Tal seguridad social se financia a base de detraer, mediante la imposición fiscal, a las empresas y a las personas físicas con rentas más altas parte de sus ganancias. A continuación, estos fondos se distribuyen entre las personas con rentas inferiores. El sistema puede funcionar con mayor o menor eficacia, pero el sistema existe, y es univer­sal­mente admitido. Es admitido a nivel de cada Estado por separado. El próximo paso ha de ser un sistema de seguridad social a nivel mundial. Todas las empre­sas del mundo, y todos los ciudadanos del mundo con rentas altas, pagarían una cotización a la Seguridad Social Mundial, la cual a su vez prestaría servicios de salud, renta mínima y jubilación a todos los ciudadanos del mundo con rentas inferiores. Acepto que tal hipótesis resulte alucinante. Igualmente alucinante hubiera resultado a Adam Smith, cuando reflexionaba sobre la sociedad que estaba emergiendo de la primera revolución industrial, el sistema de seguridad social que tenemos ahora. Lo que hoy es evidente, hace doscientos años era alucinante. Como la historia está sometida a una aceleración constante, lo que hoy es alucinante, espero que tarde menos de doscientos años en ser evidente.

 



[1] Cfr. www.winstonchyrchill.org/unite.htm

[2] Diario EL MUNDO. Madrid

[3] Fuentes América Norte y Europa http://www.unece.org/stats/trend/

Latinoamérica http://www.cepal.org/estadisticas/

África http://ikuska.com/Africa/africa.htm

Asia y Oceanía http://www.unescap.org/stat/statdata/apinfig.htm

Medio Oriente http://lnweb18.worldbank.org/mna/mena.nsf

Iraq http://www.state.gov/r/pa/ei/bgn/6804.htm

Cualquier país http://www.bartleby.com/151

[4] Australia y Nueva Zelanda

[5] El PIB per cápita medio ponderado de la actual Unión Europea de 15 países es de 25.694 $. La incorporación de 10 nuevos países de menor PIB per cápita hará descender el PIB medio ponderado de la Europa de 25 países a 23.378 $.

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